jueves, 28 de febrero de 2013

Nieve de mi alma.

Los tres estados del H2O son fascinantes por separado, pero sin duda el que más me llama la atención es el que aparece cuando bajamos de los 0ºC, el hielo.

Miro por la ventana y lo único que veo es una iglesia a lo lejos y un cielo cubierto de copos blancos que reflejan la luz y vuelven el firmamento naranja. Vida y muerte caen de la mano del cielo. Vida por que alimenta ríos y embalses, muerte por que puede tener consecuencias fatales para cierto porcentaje minoritario de la población y para algunos cultivos.

Pero sin duda, la cualidad que más me llama la atención de estas formas geométricas que se acumulan en el pavimento, es sin duda su capacidad de convertirse en máquinas del tiempo.

En la nieve se plasman nuestros movimientos y permanecen ahí hasta que el propio tiempo los borra. Huellas, ruedas, ángeles, todo permanece en la nieve. ¿Sería fantástico poder sembrar emociones y que alguien que pase las recoja no? Imaginaos sentir un amor intenso, una angustia extremadamente pesada, un odio que no desearías para nadie o incluso una tristeza solo comparable a la frialdad de donde procede cogiendo solamente un puñado de nieve. Y dejar los tuyos ahí y no cogerlos nunca, para que el tiempo los borre, sería perfecto ciertamente.

Ya puestos, no estaría nada mal que, recorriendo tus propias huellas marcha atrás, volvieras al momento en el que pisaste cada una, imaginad vivir en Noruega y que haya miles y miles de instantes pisados en el suelo, sería una manera buenísima de arrepentirte de tus acciones después de hacerlas y enmendarlas.

Hoy he intentado marcar en la nieve mis recuerdos, intentando deshacerme de ellos. Si alguien los recoge, por favor, no me los devolváis, fundidlos o conservadlos en vuestro frigorífico, estoy bien sin ellos. A la vez que los dejaba, he intentado coger optimismo y felicidad, pero como sospechaba se han derretido al poco tiempo en mis manos. Supongo que tendré que conseguir esas sensaciones por mi mismo.


lunes, 11 de febrero de 2013

Cobardía.

La cobardía es lo peor que una persona puede tener. El miedo a lo que pueda pasar nos hace perdernos posibles futuros que nos gustarían. Claro que no sabes que va a pasar, sería aburrido si lo supieras, por eso tienes que averiguarlo. ¿Cuantas veces hemos dejado de hacer algo por miedo a lo que suponga? Demasiadas, seguro. Incluso una vez es demasiada. 

Es verdad que podemos perder, pero la negativa ya la tienes, ¿por qué no buscar la opción que quieres? Es cuestión de intentarlo, no es tan difícil en el fondo y, quien sabe, tal vez el resultado no sea el que esperas.

En mi caso, digamos que no tengo nada que perder. Mucho tiempo dando un paso hacia adelante y dos hacia atrás, muchas señales confusas y palabras sin dirección fija. Pues bien, me he cansado de esperar, creo que va siendo hora de pasar a la acción aún suponiendo la respuesta que voy a obtener. Sin embargo, la culpa es suya, que no se comporte dependiendo del pie con el que se levanta y no me veré incitado a dar un paso tan grande hacia un posible barranco. En realidad, creo que no soy el único que desea dar este paso de los dos, pero la cobardía supera a la sinceridad en muchas ocasiones, por que es verdad, nunca me dio esperanzas aseguradas, pero tampoco me las quitó por completo.

Lección de vida.

Después de haber vivido una experiencia tan instructiva como lo es el haber estado al servicio de gente que vive en la calle de todas las edades y nacionalidades, hablando con ellos, compartiendo experiencias y recordándolos, solo puedo decir que tenemos muchísima suerte.

Ayer me di cuenta de que la vida en cualquier momento puede darte un vuelco y puedes perder todo, como seguramente le pasó a esa gente. Muchos hasta hace 2 años tenían sus casas y sus familias y, prácticamente de la noche a la mañana perdieron lo que más querían y se vieron obligados a vivir al dudoso amparo del frío y de un techo de estrellas.

En especial recuerdo a Geo, un hombre rumano que sabía más inglés que muchos que lo estudiamos y cuya vida es digna de película. Lo que ese hombre ha tenido que aprender en la vida y las lecciones que nos dio son dignas de la mejor de las historias y experiencias vividas, desde haber vivido en un orfanato de niño cuando mandaba el dictador Ceauçescu (Chauchescu) hasta, tras haber vivido una vida normal, tener que vivir en la calle por un golpe de mala suerte.

Si veis a Geo o a cualquiera de estas personas por la calle, desamparadas y sin nada que llevarse a la boca, que no os de tanto miedo, tienen muchas cosas que contar y una vida dura. Invitadles a un café (como dijo una mujer, que a veces simplemente buscaba a alguien para que le diera dinero con el fin de tener algo caliente que beber en invierno), dadles dinero, una barra de pan, cualquier cosa les ayuda y, sobretodo pensad que en cualquier momento y sin esperarlo, podéis veros en la misma situación.

No sabemos la suerte que tenemos hasta que la perdemos.

sábado, 9 de febrero de 2013

Frío, caliente....

No sé si será por la falta de descanso o de comer, por lo que llevo bebiendo dos días, por el agotamiento físico y mental o por la muerte que me rodea; pero no me eres imprescindible como creía. Vivir la falta de vida, la incredulidad, el dolor plasmado en lágrimas y gritos, los consuelos, los sollozos, la preocupación, el fin… ni siquiera me ha hecho pensar en ti, cuando estos momentos te hacen pensar en la gente que más quieres. Veo punzado en mi mente todos esos ojos rojos, los labios intentando mantenerse tapiados, la garganta llena de angustia, las manos temblorosas apretando con todas sus fuerzas un pañuelo, ataques de ansiedad y de ira, bocas besando una piel blanca y helada; y sí que pienso en ti, pero ya es tarde. No lo hice en el momento, sino fríamente. Y ahora que te pienso, creo que debo seguir bebiendo.

Por cortesía de Alicia M. Chicano, http://www.justmyownsoul.blogspot.com.es/