Después de haber vivido una experiencia tan instructiva como lo es el haber estado al servicio de gente que vive en la calle de todas las edades y nacionalidades, hablando con ellos, compartiendo experiencias y recordándolos, solo puedo decir que tenemos muchísima suerte.
Ayer me di cuenta de que la vida en cualquier momento puede darte un vuelco y puedes perder todo, como seguramente le pasó a esa gente. Muchos hasta hace 2 años tenían sus casas y sus familias y, prácticamente de la noche a la mañana perdieron lo que más querían y se vieron obligados a vivir al dudoso amparo del frío y de un techo de estrellas.
En especial recuerdo a Geo, un hombre rumano que sabía más inglés que muchos que lo estudiamos y cuya vida es digna de película. Lo que ese hombre ha tenido que aprender en la vida y las lecciones que nos dio son dignas de la mejor de las historias y experiencias vividas, desde haber vivido en un orfanato de niño cuando mandaba el dictador Ceauçescu (Chauchescu) hasta, tras haber vivido una vida normal, tener que vivir en la calle por un golpe de mala suerte.
Si veis a Geo o a cualquiera de estas personas por la calle, desamparadas y sin nada que llevarse a la boca, que no os de tanto miedo, tienen muchas cosas que contar y una vida dura. Invitadles a un café (como dijo una mujer, que a veces simplemente buscaba a alguien para que le diera dinero con el fin de tener algo caliente que beber en invierno), dadles dinero, una barra de pan, cualquier cosa les ayuda y, sobretodo pensad que en cualquier momento y sin esperarlo, podéis veros en la misma situación.
No sabemos la suerte que tenemos hasta que la perdemos.
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