Le vendó los ojos y la llevó con cuidado hacia el trastero, donde había cuidadosamente colocados dos sillones que miraban el uno hacia el otro con la ventana respirando luz a su lado izquierdo, lo cual daba a esa mujer, la que antes había sido su novia, un aire misterioso, como de otro mundo. Cada uno se sentó en un sillón y se quedaron mirando durante un tiempo.
-¿Qué te pasa?
+¿Qué me pasa de qué?
-Ya sé que hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero siempre habías sido amable conmigo a pesar de nuestra ruptura.
+Tal vez sea porque no la notaba como tal. Me parecía una simple brecha entre tú y yo, tal vez se debía a que te seguía queriendo a pesar de todo.
-¿Acaso has dejado de quererme?
+No, te sigo queriendo.
-¿Entonces?
+He cambiado mi forma de quererte. He dejado de idolatrarte, de llorar por ti, de imaginarme respirando el aire que echabas por tu boca, de pensar que veíamos la misma luna. Me he dado cuenta de que tu luna es muy distinta a la mía, tú ves una cara y yo veo otra.
-¿Me estás diciendo que esto es el fin?
+Te estoy diciendo que este es mi fin. Te he querido como nunca había querido a nadie. ¿Qué debo hacer cuando me han quitado aquello por lo que vivía? No sé si querré otra vez como te he querido, aunque te aseguro que nunca te querrán como lo he hecho yo.
-Siento lo que te he hecho, no lo sabía...
+Más lo siento yo, y te aseguro que sí que lo sabías, pero te gustaba la situación y estabas a gusto.
-Entonces, ¿me sigues queriendo o no?
+Para tí todo se resume en un sí o un no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario