lunes, 27 de enero de 2014

Pensamientos ilustres

Extraño el tacto ajeno y la sensación de enemistad. Extraño el amor y el odio en la misma moneda. Extraño los abrazos, y tus pilares. Tus juntas, tus acantilados y tus desiertos. Extraño la lucha entre almas, la correspondencia entre deseos, la complementariedad de los ángulos obtusos, agudos y rectos.

martes, 31 de diciembre de 2013

Frágil

Un pequeño ejército crece en algún punto de tu geografía. Empieza despacio, poco a poco. Dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos. Al final, miles y miles.

Invade lentamente, sin dejarse notar, sin llamar la atención, sin hacer ruido. Busca el sigilo, el pasar desapercibido, la expansión discreta. Se concentra en una zona, invadiéndola como una marabunta ansiosa y detestable.

Una vez cumplido su cometido decide que debe expandirse, ampliar sus fronteras, conquistar nuevos horizontes. Se adentra en tus ríos en busca de nuevas tierras y de sus habitantes, ávido de dominio. Sus integrantes aumentan, se vuelve más difícil de suprimir. Tu continente detecta anomalías en su contenido y salta la alarma. Empieza el contraataque. Dosis químicas buscan la erradicación del grupo. Desgraciadamente, el ejército se ha expandido más de lo previsto y es incontrolable.

Tu país está siendo invadido y destruido por sus propios habitantes, y todo porque un día, uno de ellos se volvió maligno. Es irónico ser conquistado desde dentro y por personas a las que has nutrido y, en cierto modo, criado.

Al final, eres corrompido en tus capitales. Tus pequeñas ciudades se quedan sin suministros y sus habitantes mueren. Has perdido la batalla. Tu país ha sido conquistado y eliminado. Tu reloj ha tocado su última campanada. El ejército ganó.

A todos aquellos que han muerto debido a algún tipo de cáncer. En especial a Pedro.

martes, 10 de diciembre de 2013

Amputación

Le vendó los ojos y la llevó con cuidado hacia el trastero, donde había cuidadosamente colocados dos sillones que miraban el uno hacia el otro con la ventana respirando luz a su lado izquierdo, lo cual daba a esa mujer, la que antes había sido su novia, un aire misterioso, como de otro mundo. Cada uno se sentó en un sillón y se quedaron mirando durante un tiempo.

-¿Qué te pasa?
+¿Qué me pasa de qué?
-Ya sé que hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero siempre habías sido amable conmigo a pesar de nuestra ruptura.
+Tal vez sea porque no la notaba como tal. Me parecía una simple brecha entre tú y yo, tal vez se debía a que te seguía queriendo a pesar de todo.
-¿Acaso has dejado de quererme?
+No, te sigo queriendo.
-¿Entonces?
+He cambiado mi forma de quererte. He dejado de idolatrarte, de llorar por ti, de imaginarme respirando el aire que echabas por tu boca, de pensar que veíamos la misma luna. Me he dado cuenta de que tu luna es muy distinta a la mía, tú ves una cara y yo veo otra.
-¿Me estás diciendo que esto es el fin?
+Te estoy diciendo que este es mi fin. Te he querido como nunca había querido a nadie. ¿Qué debo hacer cuando me han quitado aquello por lo que vivía? No sé si querré otra vez como te he querido, aunque te aseguro que nunca te querrán como lo he hecho yo.
-Siento lo que te he hecho, no lo sabía...
+Más lo siento yo, y te aseguro que sí que lo sabías, pero te gustaba la situación y estabas a gusto.
-Entonces, ¿me sigues queriendo o no?
+Para tí todo se resume en un sí o un no.

martes, 14 de mayo de 2013

Ley de necesidad

La calma de tus labios precede a la tempestad de tu lengua, ola de fuego despiadada que invade todos mis rincones y que me lleva a los infiernos para devolverme después a la suavidad de tus caricias.

Sacia todas mis ansias con cada mirada, con cada caricia, con cada carcajada. Hazme sentir existente en tu razonamiento, latente en tu pecho, querido en mi totalidad.

Sucumbe ante el deseo, pues es mayor la necesidad de encajar que el pensamiento de imposibilidad.

No importan las leyes físicas. Con nuestro calor desbancamos a la ley de la termodinámica, nuestros destellos humillan a la luz y nuestros cuerpos poseen más gravedad cuando están juntos que cualquier astro.

Que se enteren los cuatro vientos de tu agonía cuando nos alejamos, pues no hay mayor desprecio que la repulsión de dos imanes de igual polaridad, que en ocasiones se atraen debido a su mutua necesidad.

Por desgracia, tras despertar todas las leyes físicas siguen igual, tú sigues tan positivo como yo (maldita física que nos aleja) y los plurales utópicos se convierten en singulares realistas. Queda esperar a que se descubra una nueva ley que nos acerque. La llamaremos...

jueves, 28 de febrero de 2013

Nieve de mi alma.

Los tres estados del H2O son fascinantes por separado, pero sin duda el que más me llama la atención es el que aparece cuando bajamos de los 0ºC, el hielo.

Miro por la ventana y lo único que veo es una iglesia a lo lejos y un cielo cubierto de copos blancos que reflejan la luz y vuelven el firmamento naranja. Vida y muerte caen de la mano del cielo. Vida por que alimenta ríos y embalses, muerte por que puede tener consecuencias fatales para cierto porcentaje minoritario de la población y para algunos cultivos.

Pero sin duda, la cualidad que más me llama la atención de estas formas geométricas que se acumulan en el pavimento, es sin duda su capacidad de convertirse en máquinas del tiempo.

En la nieve se plasman nuestros movimientos y permanecen ahí hasta que el propio tiempo los borra. Huellas, ruedas, ángeles, todo permanece en la nieve. ¿Sería fantástico poder sembrar emociones y que alguien que pase las recoja no? Imaginaos sentir un amor intenso, una angustia extremadamente pesada, un odio que no desearías para nadie o incluso una tristeza solo comparable a la frialdad de donde procede cogiendo solamente un puñado de nieve. Y dejar los tuyos ahí y no cogerlos nunca, para que el tiempo los borre, sería perfecto ciertamente.

Ya puestos, no estaría nada mal que, recorriendo tus propias huellas marcha atrás, volvieras al momento en el que pisaste cada una, imaginad vivir en Noruega y que haya miles y miles de instantes pisados en el suelo, sería una manera buenísima de arrepentirte de tus acciones después de hacerlas y enmendarlas.

Hoy he intentado marcar en la nieve mis recuerdos, intentando deshacerme de ellos. Si alguien los recoge, por favor, no me los devolváis, fundidlos o conservadlos en vuestro frigorífico, estoy bien sin ellos. A la vez que los dejaba, he intentado coger optimismo y felicidad, pero como sospechaba se han derretido al poco tiempo en mis manos. Supongo que tendré que conseguir esas sensaciones por mi mismo.


lunes, 11 de febrero de 2013

Cobardía.

La cobardía es lo peor que una persona puede tener. El miedo a lo que pueda pasar nos hace perdernos posibles futuros que nos gustarían. Claro que no sabes que va a pasar, sería aburrido si lo supieras, por eso tienes que averiguarlo. ¿Cuantas veces hemos dejado de hacer algo por miedo a lo que suponga? Demasiadas, seguro. Incluso una vez es demasiada. 

Es verdad que podemos perder, pero la negativa ya la tienes, ¿por qué no buscar la opción que quieres? Es cuestión de intentarlo, no es tan difícil en el fondo y, quien sabe, tal vez el resultado no sea el que esperas.

En mi caso, digamos que no tengo nada que perder. Mucho tiempo dando un paso hacia adelante y dos hacia atrás, muchas señales confusas y palabras sin dirección fija. Pues bien, me he cansado de esperar, creo que va siendo hora de pasar a la acción aún suponiendo la respuesta que voy a obtener. Sin embargo, la culpa es suya, que no se comporte dependiendo del pie con el que se levanta y no me veré incitado a dar un paso tan grande hacia un posible barranco. En realidad, creo que no soy el único que desea dar este paso de los dos, pero la cobardía supera a la sinceridad en muchas ocasiones, por que es verdad, nunca me dio esperanzas aseguradas, pero tampoco me las quitó por completo.

Lección de vida.

Después de haber vivido una experiencia tan instructiva como lo es el haber estado al servicio de gente que vive en la calle de todas las edades y nacionalidades, hablando con ellos, compartiendo experiencias y recordándolos, solo puedo decir que tenemos muchísima suerte.

Ayer me di cuenta de que la vida en cualquier momento puede darte un vuelco y puedes perder todo, como seguramente le pasó a esa gente. Muchos hasta hace 2 años tenían sus casas y sus familias y, prácticamente de la noche a la mañana perdieron lo que más querían y se vieron obligados a vivir al dudoso amparo del frío y de un techo de estrellas.

En especial recuerdo a Geo, un hombre rumano que sabía más inglés que muchos que lo estudiamos y cuya vida es digna de película. Lo que ese hombre ha tenido que aprender en la vida y las lecciones que nos dio son dignas de la mejor de las historias y experiencias vividas, desde haber vivido en un orfanato de niño cuando mandaba el dictador Ceauçescu (Chauchescu) hasta, tras haber vivido una vida normal, tener que vivir en la calle por un golpe de mala suerte.

Si veis a Geo o a cualquiera de estas personas por la calle, desamparadas y sin nada que llevarse a la boca, que no os de tanto miedo, tienen muchas cosas que contar y una vida dura. Invitadles a un café (como dijo una mujer, que a veces simplemente buscaba a alguien para que le diera dinero con el fin de tener algo caliente que beber en invierno), dadles dinero, una barra de pan, cualquier cosa les ayuda y, sobretodo pensad que en cualquier momento y sin esperarlo, podéis veros en la misma situación.

No sabemos la suerte que tenemos hasta que la perdemos.